<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5966037116742086771</id><updated>2011-11-26T09:20:06.997-08:00</updated><title type='text'>Historias de Sal</title><subtitle type='html'>Narraciones, cuentos, ficción.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06996924954361353982</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SZXMXI_8BiI/AAAAAAAAACw/AhMNS2ca80w/S220/ipod2+084.JPG'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>8</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5966037116742086771.post-9029617627057397430</id><published>2009-08-05T08:45:00.000-07:00</published><updated>2009-08-05T08:47:06.835-07:00</updated><title type='text'>Francotirador.</title><content type='html'>Me quedé sentado en el taburete cojo que tanto me gustaba hacer mecer, pensando en los adioses y las despedidas, los abrazos y los besos que se vuelven vapor en la memoria y que nunca más vuelven a llover sobre nuestras cabezas calvas o  dentro de nuestras bocas secas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me quedé mudo meciéndome en aquella triste composición de madera que hasta este momento ha de tener veinte capas de pintura y que seguro no le queda ni un clavo original.  En ese banco se sentaba mi abuelo a resolver crucigramas, mi abuela lo ocupaba mientras esperaba que el arroz se cociera y tomaba café. Yo lo uso para hacer ruiditos rítmicos mientras pienso en la vida de allá afuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Afuera están la vida, los autos, el sol, ella, los pájaros,  las palabras y las balas. Adentro estoy yo y mi banquito cojo. Afuera están mis hijas y sus risas, adentro no hay más que un toc toc. Una despedida flota entre las nubes y no quiero que me vea.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5966037116742086771-9029617627057397430?l=lahistoriadesal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/feeds/9029617627057397430/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5966037116742086771&amp;postID=9029617627057397430' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/9029617627057397430'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/9029617627057397430'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/2009/08/francotirador.html' title='Francotirador.'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06996924954361353982</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SZXMXI_8BiI/AAAAAAAAACw/AhMNS2ca80w/S220/ipod2+084.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5966037116742086771.post-8124151462899635892</id><published>2008-11-26T05:09:00.000-08:00</published><updated>2008-12-12T09:40:47.258-08:00</updated><title type='text'>Dalí.</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SS1K9wqT1jI/AAAAAAAAACY/N_iqsujHZ8s/s1600-h/dali3qi2%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5272953163615557170" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 295px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SS1K9wqT1jI/AAAAAAAAACY/N_iqsujHZ8s/s400/dali3qi2%5B1%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La luz entró de golpe, sólida, en la habitación. Era una luz extraña, de iglesia, apretada, una luz con intenciones, en bloque, de esas que parecen que se pudieran cortar en rebanadas y guardarlas para más tarde, para las horas oscuras, en la billetera, y poder comprar con ella segundos de albor, aunque fuera solo segundos. Hay que ahorrar luz.&lt;br /&gt;Me fui acostumbrando al resplandor y distinguí una sombra blanca andando por la habitación. La sombra habló: Ya es hora, ya es hora. Yo hacía un esfuerzo por recordar que hacíamos en aquel cuarto, pero el dolor de cabeza y el exceso de luz me hundían de nuevo en el olvido. El cuarto era inmenso. Más bien era muy alto. Un techo demasiado lejano nos cubría y producía un efecto de vértigo, de paredes que se alejan. Las cortinas blancas, muy livianas, flotaban al viento casi como incienso. Sofía, dije en voz alta. Guillermo, dijo Sofía. Sí, Antigua. Ya va empezar, dijo ella y se recostó de frente en la ventana. La cama, donde yo yacía, estaba centrada en relación a la ventana y podía verle las nalgas a través de la sábana que se había echado encima así como la casa de enfrente pintada de azul, un poste de luz y más allá, un volcán. Escuchaba un bullicio suave como de televisión a bajo volumen que venía de la calle. De repente apareció aquella imagen detrás de los barrotes de la ventana.&lt;br /&gt;Era un Cristo grandioso que se mecía de un lado a otro entre llamas moradas y lanzas de acero o hierro o quizás de plástico. Mis ojos apenas se habían terminado de acostumbrar a la luz cuando de repente apareció. Intenté levantarme pero estaba desnudo, el pudor pudo más y decidí quedarme en la cama con las sabanas hasta la cintura, mientras veía aquella visión de ensueño: Una mujer desnuda y hermosa de pelo negro y nalgas morenas asomada a una ventana viendo pasar un Cristo volador. Un milagro de esos que solo ocurren en La Antigua y que te dejan lleno de palabras impronunciables porque describir aquello es amarrarse a las líneas de un tren, uno manejado por obispos y abuelitas vestidas de negro, un tren alimentado con promesas y penitencias. Y yo no soy hereje ¿O sí? Yo sí soy hereje, me dijo Sofía mientras caminaba de regreso a la cama quitándose de encima la sabana con la que se había enrollado para asomarse a la ventana. Me gustan tanto las procesiones. Me gusta verlas desde esta ventana después de una noche de de mucho sexo, dijo y se metió en la cama. ¿Y a ti? ¿No te gusta ese sabor agridulce de la Antigua? ¿Me entendés? Más claro no podría estar, dije yo sin saber exactamente de lo que hablaba, aunque el sabor agridulce, lo ambivalente, lo real y lo ficticio de la vida, lo sacro y lo carnal, eso sí creía entenderlo, aunque me fuera difícil ponerlo en palabras. En letras.&lt;br /&gt;Sí, la vida es complicada le dije. No, no me entendiste, me dijo, la vida es muy sencilla. Hay que pararse desnuda frente a un anda que pesa toneladas para poder tener una perspectiva, otra quiero decir. Al menos tu perspectiva es mejor que los que van debajo del anda, le dije. Exactamente, pero no se trata sólo de verla pasar, yo también he estado debajo de esa anda, dijo Sofía. En esa procesión solo cargan hombres, le dije. También esa perspectiva la conozco, dijo Sofía la bella y se metió debajo de las sabanas y entre mis piernas y yo ya no dije más.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5966037116742086771-8124151462899635892?l=lahistoriadesal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/feeds/8124151462899635892/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5966037116742086771&amp;postID=8124151462899635892' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/8124151462899635892'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/8124151462899635892'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/2008/11/dal_26.html' title='Dalí.'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06996924954361353982</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SZXMXI_8BiI/AAAAAAAAACw/AhMNS2ca80w/S220/ipod2+084.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SS1K9wqT1jI/AAAAAAAAACY/N_iqsujHZ8s/s72-c/dali3qi2%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5966037116742086771.post-9012077739495666356</id><published>2008-09-24T18:25:00.001-07:00</published><updated>2008-09-25T16:17:42.189-07:00</updated><title type='text'>Historias de Sal.</title><content type='html'>Desde su apartamento, trece pisos arriba, Rodrigo vio nacer el día. Le gustaba ver salir la ciudad desde la oscuridad. A veces imaginaba que debajo aparecería una ciudad prehistórica o antihistórica, sin nombre ni pasado, casas de adobe, caminitos de tierra y habitantes felices y descalzos. Pero siempre emergía la misma ciudad bulliciosa que a pesar de ser fea y desordenada amaba tanto. Se desvistió ahí mismo en el balcón, orinó y se percató que Ciudad de Guatemala seguía ahí a pesar de la imaginación del hombre, respiró el smog de la mañana y dejó al sábado ser un sábado y se fue a dormir. El lunes seguiría pensando en Kyra y en Julia.&lt;br /&gt;Rodrigo es abogado, uno mediocre. También es escritor, no menos mediocre pero más feliz. Estaba enamorado de Julia pero le propuso matrimonio a Kyra y no le importa en lo más mínimo su paradoja. Paradoja es su palabra favorita. Si alguien, piensa Rodrigo, en el final del camino, después de haber recorrido una vida o más, decide definirla con una sola palabra esa sería paradoja. Al menos alguien guatemalteco, ateo, sin miedo al caos pero con pánico a la historia; alguien que entiende poco pero que lo intenta mucho, alguien como yo. O algo así le oí decir en un poema.&lt;br /&gt;A Julia la conoció en el bufete donde trabajaba. Es la hija del jefe. Rodrigo llevaba pocos días de trabajar ahí cuando le encomendaron encargarse del trámite de licencia para manejar de Julia. En un principio se sintió ofendido por el trabajo pero luego de ver a Julia estuvo más que resignado. La citó en su oficina, la llevó con sus amigos tramitadores, le tomaron la foto, le vio una gota de sudor que corría entre sus piernas y dos horas más tarde estaba enamorado y Julia tenía licencia. La invitó a comer ceviche y le contó cómo su hermano había muerto combatiendo en la montaña. Pero Julia era bella, caprichosa y rica. Para ella la guerra era sólo una especie de bruma histórica que no dejaba ver el paisaje. Su padre usaba guardaespaldas desde que tenía memoria pero la guerra, si sucedió, fue, no digamos hace tiempo, porque esa no era la sensación que tenía Julia de la guerra, más bien era como algo ocurrido en otra dimensión, como la sensación de realidad que deja una buena película o un mal sueño. Exactamente así le explicó a Rodrigo lo poco que sabía de aquello. Y Rodrigo le contó que mientras su hermano combatía por la causa comunista, él se emborrachaba todos los días en un bar llamado Kalhua que quedaba precisamente donde habían parqueado el carro. Su madre se había vuelto loca y su padre, militante de un partido de derecha durante la guerra, era ahora un famoso defensor de los derechos humanos que pretendía juzgar a los militares responsables de las desapariciones ilegales. Julia le contó de sus novios, no muchos, de sus fines de semana en Atitlán o Río Dulce y cómo una vez se escapó por tres días con el guardaespaldas israelita de su padre.&lt;br /&gt;A la semana siguiente llegó Julia a su oficina, sin cita pero con Kyra. Los presentó y le pidió a Rodrigo que repitieran el trámite. Esta vez la licencia era para la amiga. Rodrigo pidió permiso al jefe y salieron los tres felices del edificio de oficinas. Cumplieron con el trámite y Kyra obtuvo su licencia sin saber manejar. De regreso al bufete, Rodrigo propuso ir a tomar cervezas a algún lugar. La moción fue aceptada y tres horas más tarde estaban emborrachándose los tres en el Cerro de la Cruz. En la primera hora casi nadie habló; en la segunda, hablaron de la universidad y rieron; en la tercera, Rodrigo trató en vano de explicarle a Kyra por qué la mujer de Lot era su personaje bíblico favorito, y en la cuarta Kyra y Rodrigo hicieron el amor en el asiento trasero del carro mientras Julia conducía por la Roosevelt y cantaba canciones de Luis Miguel.&lt;br /&gt;Al día siguiente Rodrigo me contó lo que sigue: &lt;anoche&gt;&lt;br /&gt;Yo le dije que habíamos visto una escena parecida en una película pero no me escuchó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eventualmente las conocí a ambas, a Julia y a Kyra. Las dos son bellas, pero ninguna era muy interesante. Julia hablaba mucho, demasiado, y Kyra poco. Lo poco que decía eran estupideces. Sin embargo nunca fui muy bueno para escoger a mis amistades y por escoger a los más listos ahora vivo muy solo y no me queda más que recordar. Pareciera que esta historia es acerca de Rodrigo pero no lo es, porque en el fondo estoy buscando las razones de mi propia soledad y siempre creí que Rodrigo se iba a arrugar solo como una pasa en su apartamento sin que nadie se acordara de él. Sin embargo soy yo el solitario. Nos parecíamos tanto... Hasta que llegó Kyra. Si alguien me hubiera preguntado, hubiera apostado todo a que Rodrigo se moriría enamorado de Julia y que nunca la poseería pero pasaría el resto de sus días intentándolo. Hubiera perdido. Kyra no era el tipo de mujer que según yo atrajera a Rodrigo, pero como descubriría años después, todos somos un misterio, una paradoja. Posiblemente si él hubiera escrito una historia sobre mi vida hubiera dicho lo mismo. Seguramente estaría perplejo de verme tan solitario o tal vez no.&lt;br /&gt;Tres días después Rodrigo almorzó con Julia. Después de algunas cervezas y una plática sin tono Julia preguntó: ¿Qué espera de la vida? Una herencia, dijo Rodrigo mientras reía como loco. Yo también, dijo Julia y rieron largamente. Entre los estertores finales de la carcajada Julia insistió, En serio, cuénteme. En serio, espero una herencia, un libro y una bala. Una bala, casi gritó Julia. Pero Rodrigo no explicó más. En cambio dijo, Cuando era niño le pedía a Dios que no me incluyera en la Historia, que me dejara a un lado viendo pasar los hechos. Quería ser un espectador nada más. Se lo conté a mi madre hace algunos días y me dijo: Rodrigo, pero si vos sabés que sólo hay un asiento en ese cine y ya está ocupado.&lt;br /&gt;--Leí los poemas. ¿Por qué no estudió literatura? ¿Por qué no publica? Preguntó Julia.&lt;br /&gt;--Porque siempre consigo lo que más quiero negándolo o para ser más exacto, afirmando no consigo nada, así que entre otras cosas escribo cuando quiero llorar y viceversa.&lt;br /&gt;Nunca más volvería a ser tan sincero como aquella tarde, nunca tan religioso, tan certeramente cristiano, jamás se sentiría más cerca de la verdad como aquel día. Rodrigo la vio a los ojos y supo que Julia pensaba en los jadeos de Kyra aquella tarde que regresaban de Antigua y que entendió exactamente lo que él quería decir, así me lo dijo Rodrigo y yo no le pregunté cómo lo supo. En el fondo ella era un poco así, siguió diciendo Rodrigo. Todos aquí somos un poco así, seguramente pensó Julia pero no lo dijo, no porque supiera que la verdad está en lo que no se dice sino por instinto, que dicho sea de paso es otra forma de encontrar la verdad. Julia calló por la misma razón que esta historia es tan corta.&lt;br /&gt;Volví a ver a Rodrigo años más tarde. Había vuelto al país por la muerte de su madre. Entre muchas cosas hablamos de Kyra. Le pregunté por qué se había casado con Kyra si en realidad amaba a Julia. Amo a Kyra, no la amaba cuando me casé con ella pero ya sabía que la amaría. ¿Cómo? ¿Cómo es posible saber que se va amar a alguien? O se ama o no. Punto. Yo supe que la amaría cuando una vez, hablando de la mujer de Lot le pregunté que cuál podría haber sido la razón por la cual había vuelto la vista a la ciudad sabiendo que al hacerlo se volvería de sal. Kyra me vio a los ojos y sin pensarlo, quiero decir sabiéndolo, dijo: Seguramente la mujer de Lot dejaba a su verdadero amor en la ciudad... qué más da, ya somos de sal&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5966037116742086771-9012077739495666356?l=lahistoriadesal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/feeds/9012077739495666356/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5966037116742086771&amp;postID=9012077739495666356' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/9012077739495666356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/9012077739495666356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/2008/09/historias-de-sal.html' title='Historias de Sal.'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06996924954361353982</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SZXMXI_8BiI/AAAAAAAAACw/AhMNS2ca80w/S220/ipod2+084.JPG'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5966037116742086771.post-1345037721734698173</id><published>2008-09-19T20:07:00.000-07:00</published><updated>2008-11-26T08:33:44.082-08:00</updated><title type='text'>Hilario.</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SS10s8UoH0I/AAAAAAAAACg/iaE1QhtuERg/s1600-h/i0183%5B1%5D.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5272999054176427842" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 295px; CURSOR: hand; HEIGHT: 400px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SS10s8UoH0I/AAAAAAAAACg/iaE1QhtuERg/s400/i0183%5B1%5D.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Él, perdido en el tiempo, fue dejando su huella por todos los países que mojan sus pies en el mar, algunos en plena occidentalidad, otros por descubrirse aún. Ella, dando puntadas de paciencia a un cubrecama enorme que parecía querer cubrir todos los lechos por donde Hilario pasaría, esperaba sin ansia como las estatuas.&lt;br /&gt;Hilario navegó por los Trópicos, cruzó el Antártico y aró en las olas del Mediterráneo. Contrabandeó telas de Marruecos, hachís de la India y opio de la China, llevó armas de Cuba a Nicaragua, peleó con los Contras y se salvó de morir muchas veces, pero nunca dejó de pensar en aquella morena que dejó sentada en una hamaca viendo al mar. No pudo el mundo y sus demencias hacer olvidar sus manos suaves, su olor a limón y a coco, pero tampoco pudo el mundo darle el valor para retornar, volver atrás y decirle algo sencillo y humano como: Te pensé tanto que pareciera que nunca me fui, y sentarse junto a ella a ver el atardecer de siempre, comer pan de coco, tomar ron con coco y emborracharse de nimiedad, que es al fin de cuentas lo que nos hace un poquito más felices y menos viejos. Pero la decisión de renunciar a las correrías por el mundo parecía ser una que él no podía tomar.&lt;br /&gt;En Jamaica, creyó enamorarse de nuevo, pero un marinero amigo lo previno a tiempo. La mujer tenía fama de bruja. Si no huía pronto, no sería más que un esclavo de otra esclava, que a su vez servía a quién sabe quién. Una noche de tormenta se lanzó al mar con no más ropa que un collar de ajos al cuello. Un crucero que iba hacia Cuba lo rescató al día siguiente. La aventura apenas comenzaba. De Samanta, así se llamaba la bruja, escuchó años más tarde que había muerto al lanzarse por un desfiladero, enceguecida por el abandono de su amado marinero. Muchas veces se escuchó el lamento amoroso de la hechicera, algunos escucharon maldiciones, otros lo que sólo Dolores sabía: que aquel hombre no le pertenecería ninguna mujer que no supiera dónde estaba enterrado su ombligo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Cuba conoció un pueblo que luchaba por cambiar su mundo, y como no le gustaba el mundo, se alistó en la lucha. Un tal Che lo adiestró en los quehaceres revolucionarios, pero en el fondo nunca llegó a concebir un mundo habitado todo por iguales, haciendo siempre lo mismo para lograr todos lo mismo. Es un sueño, pensó. Cuando se dio cuenta que la libertad es la primera victima de las revoluciones, decidió seguir su camino. Volvió con las manos vacías, como todos los viajeros utópicos, pero con la noción de que lo que hizo tuvo que hacerlo. No sabía por qué, pero lo sabía. Con el capitalismo le pasó lo contrario, mucha libertad pero pocos sueños. Fue entonces cuando se perdió de nuevo. Pero ahora se perdía de manera diferente: en sí mismo. Vagó de bando en bando por las guerras de Centro América, del FMLN a los Contras. Pronto se convertiría en anarquista. Ya no quería matar más. No quería ser muerto. No había ideal por el que valiera la pena morir. Entonces, decidió irse lejos de aquella tierra donde despertar sólo significa abrir los ojos porque los sueños caminan de la mano de los hombres, las pesadillas también.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras tanto, Dolores se empeñaba en la labor de coser la pieza que habría de cubrirlos un día. Poco a poco su tejido se convirtió en novedad entre los habitantes del puerto. El cubrecama ya no cabía dentro de la casa y las escenas que en él bordaba Dolores interesaban a los vecinos. La familia de Dolores decidió aprovechar la fama del trapo para ganar dinero: La pieza fue exhibida en el patio de la casa colgando de limoneros y guayabales, de manera tal que los interesados deberían pagar para poder ver aquella obra de arte. Como un gran tapiz renacentista, la tela contaba una historia interesante para unos e indescifrable para otros. Poco a poco los aficionados a las historias de la tela fueron creciendo y con ellos la ansiedad por conocer el siguiente capítulo y la próxima aventura del héroe sin nombre. Las escenas variaban de tema sin previo aviso, no parecía haber una línea recta en la narración. Los cuadros representaban desde imágenes que un profesor identificó como escenas sacadas del mismo Kama Sutra, hasta crudos retratos de muerte y aflicción guerrera; desde brujas quemadas en la hoguera, que un norteamericano dijo que eran inspiradas en las cacerías de brujas en Salem, hasta lívidas reinas europeas fumando opio. El colmo de la popularidad del lienzo de Dolores llegó cuando el obispo de la región descubrió que en uno de los capítulos estaba representado el martirio de San Sebastián y que además era negro y que por lo tanto renegaba de la tradición artística renacentista italiana. Lo peor de todo era que el San Sebastián de Dolores era negro no sólo en el color de su piel, sino también en su masculinidad, la cual le colgaba hasta las rodillas. Después de variadas amenazas, censuras y excomulgaciones, la iglesia católica sólo logró que las colas para ver el lienzo opacaran las de las casi inexistentes filas para las misas. Dolores accedió a coser una hoja de palma de plátano sobre el miembro de San Sebastián y la iglesia dio marcha atrás en el proceso de excomulgación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras, Hilario seguía su camino sin sendero. Ahora andaba por los mares del Sur persiguiendo bellas mujeres de torsos desnudos y adornadas con flores. En Micronesia pasó más tiempo del que hubiera deseado. Su irreprimible ansia de libertad lo llevó a la cárcel. Una vez más, buscándose a sí mismo había cometido uno de los delitos más graves que comete el hombre. Años más tarde no recordaría cual fue aquel delito, sólo sabía que merecía estar preso. Meses después de ser encarlcelado Hilario había escapado en el medio de un sangriento motín carcelario organizado por extremistas musulmanes. Cada día que pasó en la cárcel pensó en Dolores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De los mares del sur partió hacia el Mediterráneo, donde su idea radical de la libertad total del hombre encontró respuesta en las pipas de hachís y opio. Por meses se dedicó al consumo y comercio de sustancias, las cuales llegó a considerar benditas por algún dios pagano. No te conozco pero te adoraré por siempre, acostumbró a decir cada vez que le daba lumbre a una pipa. También se interesó en la religion y, a través de las tripulaciones de las naves que integraban la red de contrabandistas que lideraba, aprendió de la Cabala, el Nuevo Testamento y el Corán. Confundió paraísos con el éxtasis de las drogas. Pero nunca digirió bien el concepto de eternidad, el sólo pensar en eso le daba vértigo. Creía que la inmortalidad hacía que las obras de los hombres de Dios fueran menos importantes. Alguna vez dijo: ...por ejemplo, si yo sé que soy el hijo de Dios qué más da un clavo o diez, que más da la hiel y el romano o el buitre punzándome un riñón si mañana seguiré siendo Dios por siempre; en cambio si aquel hombre que fue hijo de Dios en realidad no lo fue, entonces su obra es gigantesca, digna de cambiar un mundo. Pero el problema de Hilario fue que los narcotraficantes son muy creyentes, sean judíos, cristianos o musulmanes. Para cuando se dio cuenta que era esclavo de las drogas y que la libre emisión de pensamiento lo había puesto en peligro, ya tenía orden de captura en media docena de países mediterráneos, había amasado una gran fortuna y tenía tantos admiradores como enemigos religiosos. Fue a uno de estos admiradores a quién decidió dejarle el mando de la operación. Cuando decidió retirarse nombró a su alférez como su sucesor. Simbad era un hermoso negro de dos metros de altura, ex-policía francés que había estado tras la pista de Hilario y que realizó una redención a la inversa. Simbad se convirtió en el contrabandista más importante de Europa y el Mediterráneo. Hilario partió hacia Noruega.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El duro Mar del Norte lo fue liberando de las pesadillas que le provocaba la abstinencia de drogas. El frío, el pescado y el regazo de una rubia que parecía una diosa de la fertilidad lo fueron recuperando. Primero trabajó en una estación petrolera cientos de millas mar adentro, pero necesitaba mujeres, así que cambió el bienestar económico por el bienestar sexual. Extrañaba el clima cálido, lo extrañaba con dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los vecinos de Dolores creyeron que se había vuelto loca cuando las escenas del tapiz-cubrecama comenzaron a aparecer sin color, inmensamente blancas y cegadoras. Pero si uno se acercaba y veía con cuidado se podía percibir un sutil relieve. Los verdaderos aficionados al tapiz no tuvieron ningún problema con el cambio de estilo pero los turistas ocasionales fueron disminuyendo. Durante varios años, que casi llevaron el Museo Dolores a la quiebra, el tapiz fue blanco. Apenas se distinguían en el relieve algunas ballenas, botes con remos y, la escena favorita de los hombres, una mujer enorme que ofrecía sus tetas a los marinos de un puerto extraño donde las naves estaban adornadas con caras de dragones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La fama de Dolores volvió cuando los colores regresaron al tapiz. Los hilos que ahora usaba eran todos de colores radiantes. Para los pocos que siguieron visitando el museo durante el período blanco, el cambio fue tan violento que algunos volvían con anteojos oscuros para no lastimar sus ojos. Algunos críticos de arte hablaron de un rompimiento más en el estilo, que había que olvidar que el tapiz era una sola obra; otros decían que los cambios no eran auténticos y que la obra perdía valor una vez más por los desacertados contrastes. La gente común y corriente volvió a inundar el Museo Dolores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hilario dejó a la diosa vikinga y dos hijos en el frío de un puerto nórdico. Tantas horas de oscuridad le habían dejado demasiado tiempo para pensar en sus recuerdos que como barrotes de un calabozo se plantaban frente a él. Una vez más huyó. Las velas de un navío japonés lo llevaron lejos de nuevo (Lejos de qué, pensaba él). Hilario se empezaba a dar cuenta que en realidad cada vez que intentaba irse más lejos en realidad se acercaba más (¿Cerca de qué?). El mundo sigue siendo redondo, pensó, redondo y pequeño y lo peor, irrenunciable. La nave japonesa lo llevó a Oriente. Siguió vagando por los puertos sin lograr aprender nada nuevo. Ser marinero es como vivir en un país aparte, cada puerto es igual, cada barco lleva los mismos marinos y si no son los mismos se parecen sospechosamente. Hasta las putas son las mismas: a esta china la tuvo en Venecia, solo que allá era más alta y morena. El mundo se comenzaba a repetir, la aventura dejaba de serlo y la valentía de ser un hombre de verdad en cualquier parte del mundo comenzaba a gastarse. ¿Cuantos Hilarios habrá en otros puertos? se preguntaba. Desde aquel día se dio cuenta que eran muchos y que, además, había otras Dolores por el mundo.&lt;br /&gt;La aventura no es tal hasta que se cuenta, pensó en voz alta Hilario y se decidió a contar sus historias en un intento por dejarlas atrás. Fue de bar en bar contando su vida, explicándola y, como las mujeres son curiosas, muchas veces tuvo que contarles el final de la aventura sin haberlo vivido todavía. Licencia poética le dicen. Fue así que sus historias y las de sus socios se esparcieron por el mundo. Hilario nunca escribió su historia. Mucha gente la oyó y la volvió a contar, otros cambiaron el nombre de Hilario por el de ellos mismos. Muchos libros contienen sus aventuras sin que nadie se imagine siquiera que fueron verdad o quién las inspiró. Algunas veces recibía buena paga a cambio del entretenimiento, otras veces tenía que defenderse a puñetazos de los que lo llamaban mentiroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una noche, en un bar de Shangai, cuando se disponía a aprender la más extraña lección de amor con gemelas siamesas, vio aparecer a Simbad lleno de joyas y rodeado por un harén de la más variada selección. Los dos amigos dejaron a sus mujeres a un lado y bebieron juntos hasta el amanecer. Antes de que amaneciera se quedaron solos en el bar, ni las mujeres los esperaron. Quien sí los esperaba era el Ejército Rojo. Simbad era buscado por narcotráfico y trata de blancas. Los tuvieron a pan y agua, los torturaron y al cabo de seis meses soltaron a Hilario. Esa misma noche fue a un bar a contar su historia y no dejó que le pagaran con sexo. Cobró en monedas y se marchó andando de la ciudad. Amanecía, quería alcanzar la colina rápidamente para ya no ver más Shangai. Las colinas eran casi desérticas, pero en lo alto de aquella que atravesaba el camino, había un tronco de cerezo, del tronco del árbol colgaba el cadáver de un hombre. Simbad estaba desnudo, amarrado a lo que quedaba del arbol. Le habían disparado a quemarropa. Unos metros más allá estaban sus mujeres, lloraban y rezaban en lenguas extrañas. Hilario contaría la historia de Simbad mil veces y una más, su fama creció y llegó a convertirse en un mártir de la libertad. Nadie recuerda que fue un bandido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hilario navegó por tres años seguidos sin poner un pie en tierra firme. El mar inagotable parecía ser el único remedio a su sed de caminos. Muchas tripulaciones de aquel barco filipino fueron cambiando pero él nunca se mudó de nave. Poco a poco fue ascendiendo hasta llegar a ser el segundo de abordo. Su vida parecía llegar a una estabilidad relativa. Su cara se fue curtiendo por el sol y la sal; sus ojos permanecían entrecerrados por la costumbre marina de atisbar el horizonte; sus manos eran puro nervio y su caminar un vaivén de ola. Todo parecía suspendido, hasta que un día el capitán le informó que harían una parada de emergencia cerca de un puerto de Guatemala. Durante la noche, tres pequeñas lanchas de motor se acercaron al buque, cargaron varias cajas y volvieron a tierra. Hilario nunca vio cargar aquellas cajas llenas de armas pero si las vio descargar. Seguía siendo parte del juego sin querer serlo, lo malo era que ahora se daba cuenta y antes no. En la siguiente parada se bajó del barco sin decir adiós.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que Dolores daba la última puntada a su mejor parte del tapiz, Hilario decidía, mientras pescaba tiburones en el pacifico mexicano, regresar a buscarla, sólo por curiosidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ese día, Dolores cortó el hilo con los dientes y complacida y agotada dijo: La historia está satisfecha. Dolores terminaba la obra de su vida con una escena que desconcertaría y deslumbraría al mismo tiempo a los críticos de arte. Realismo alemán, dirían algunos. Goyesco, diría otro. Genio, locura, inmadurez artística, qué sé yo. ¿Pero qué es? Dirían todos. “El pensador de Rodin, sentado en una barca en el medio del mar Pacífico, pensando en su amada mientras pesca tiburones y se da cuenta de que la libertad no es merecida por los hombres que creen que sólo la historia la provee, y recordando que un día le prometió su destino a una mujer que tiene el secreto ancestral de la aguja”, dijo Dolores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hilario y Dolores terminaron de envejecer uno al lado del otro. El cubrecama que los cubriría la noche del reencuentro quedó tirado debajo de una cama, olvidado por todos, menos por Hilario, quien siempre teme que la Historia, algún día, se acuerde que él es ahora un hombre libre, viejo, muy viejo, pero libre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5966037116742086771-1345037721734698173?l=lahistoriadesal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/feeds/1345037721734698173/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5966037116742086771&amp;postID=1345037721734698173' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/1345037721734698173'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/1345037721734698173'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/2008/09/hilario.html' title='Hilario.'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06996924954361353982</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SZXMXI_8BiI/AAAAAAAAACw/AhMNS2ca80w/S220/ipod2+084.JPG'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SS10s8UoH0I/AAAAAAAAACg/iaE1QhtuERg/s72-c/i0183%5B1%5D.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5966037116742086771.post-3924380099232161857</id><published>2008-08-27T11:55:00.001-07:00</published><updated>2008-09-08T06:40:58.598-07:00</updated><title type='text'>En algún lugar la vida.</title><content type='html'>Sólo en Miami, dijo Enrique, mientras el auto iba perdiendo velocidad y los dos mirábamos con curiosidad aquel grupo de pequeños edificios que pretendían aludir a la más famosa escena de El Quijote: los molinos de viento. La escena no dura tres párrafos, dijo Enrique mientras descendíamos del auto y le dábamos un empujón a nuestras puertas. Un negro barría el agua de la piscina con una especie de red. Un cartel de neón anunciaba el nombre del hotel en letras rojas: La Mancha. Entramos a la oficina de registros y preguntamos. Number Seventeen, dijo parcamente otro negro, haitiano quizá, tal vez jamaiquino. Caminamos alrededor de una piscina sorprendentemente cristalina y atravesamos un jardín descuidado. Tocamos la puerta del diecisiete. Ya era hora, grito alguien. La puerta está abierta, pasen y esperen, me estoy bañando. Nos vimos a los ojos, empujamos la puerta, nos asomamos antes de entrar como si esperáramos encontrar un perro bravo, entramos. La habitación era horriblemente roja y calurosa, olía a humo de cigarro exhalado y sudor. Por lo demás, vacía. Ni un libro, ni un vaso de agua, no habían maletas ni bolsas, el basurero parecía no haber sido usado nunca y sin embargo el habitante de aquella cueva llevaba varias semanas viviendo ahí.&lt;br /&gt;Arturo salió del baño, señaló una gaveta y sin vernos comenzó a vestirse, se puso el pantalón sin ropa interior y la camisa sin secarse. Se vio en el espejo y justo después de ordenarse el pelo mojado con los dedos nos vio a través del reflejo y se quedó inmóvil. Unos segundos duró aquel silencio hasta que preguntó: Y ustedes ¿quiénes son? Yo soy… no, no, no... me interrumpió el hombre del cuarto, donde carajo está Mojarra, porque a ustedes los mando el Mojarra. No, dijo Enrique. Son policías, dijo Arturo. No, dije yo. Somos amigos de Ángela. O.K. dijo Arturo, y en que puedo ayudarlos. Somos nosotros los que venimos a ayudarte. Pues al menos que traigan esos bolsillos suyos llenos de heroína no podrían ayudarme en nada. ¿Los traen llenos de heroína? No, no traemos heroína. Muy bien, entonces Good night and good luck y váyanse un poquito a la mierda, porque lo único que necesito es lo que ya les dije.&lt;br /&gt;Enrique me pidió que saliera del cuarto y así lo hice. Me fui a sentar en una de las sillas playeras que estaban alrededor de la piscina, encendí un cigarro, me abrí la camisa y me eché a tomar el sol por lo que durara aquella extraña escena. A través de la sombra de las palmeras podía ver el aspa de un molino y no podía dejar de hacer connotaciones literarias. El mismo Arturo parecía un actor en el papel principal de una película del Quijote, una rusa, naturalista, sin humor. El negro que limpiaba la piscina parecía Sancho. Enrique, el licenciado. Y yo, yo… Cide Hamete Benegeli quizá, quizá no.&lt;br /&gt;La vida siempre pasa a mi lado como un rio y yo fumando. No me quejo. Enrique salió diez minutos después, me contó la triste historia de Arturo, se sentó a mi lado y fumó. La vida, pensé, aquí no pasa nada más que la vida. Dos días después Arturo moría de una sobredosis y a mí me tocaba contar su historia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5966037116742086771-3924380099232161857?l=lahistoriadesal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/feeds/3924380099232161857/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5966037116742086771&amp;postID=3924380099232161857' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/3924380099232161857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/3924380099232161857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/2008/08/en-algn-lugar-la-vida.html' title='En algún lugar la vida.'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06996924954361353982</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SZXMXI_8BiI/AAAAAAAAACw/AhMNS2ca80w/S220/ipod2+084.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5966037116742086771.post-5898092369492922814</id><published>2008-07-17T18:51:00.000-07:00</published><updated>2008-07-17T18:53:04.559-07:00</updated><title type='text'>Laura y Carmen.</title><content type='html'>Carmen, de vez en cuando recuérdame mi nombre. Eleuterio, dice Carmen, mientras ve, en la imagen que le devuelve el espejo en el techo, un lunar debajo de su seno izquierdo que nunca antes había visto. Eleuterio mira el pubis de Carmen, no porque lo desee de nuevo (habían hecho el amor frenéticamente por horas) sino porque quiere dibujarlo, quiere memorizar todas las líneas de su sexo. Ya conoce su olor y recuerda con los dedos su textura, pero cada vez que se sienta frente a la hoja en blanco olvida los detalles de aquella piel donde lo olvida todo. Hasta su nombre. Diego, dijo, me llamo Diego y soy pintor, pero me pagan por fingir que soy ingeniero. Y yo no tengo nombre sino un número de celular, soy puta y me pagan por fingir que siento, dice Carmen, mientras se levanta de la cama y se pone la ropa, calza sus sandalias, toma los dólares de un sobre de papel manila que Diego le señala, le da un beso en la boca y se va.Al día siguiente, encontramos a Diego con Laura, su novia. Toman cerveza en algún café de la zona 10. Diego lleva un sobre de papel manila. Adentro hay un dibujo. El mejor que haya hecho jamás.Laura es bella pero es Laura; Carmen no es tan bella pero no es Laura, piensa Diego intentando vanamente de explicarse lo que para él es inexplicable. Cualquier otro intento de razonar la paradoja en la que está envuelto lo despeina moralmente. No hay más palabras que los nombre propios para explicar aquello: Laura, Diego, Carmen.Siempre se había creído del tipo fiel y, de alguna extraña manera, sigue creyéndolo. Diego no lo sabe, pero es una especie de prisionero del lenguaje, un prisionero feliz. Para explicarlo mejor, podemos decir que su ignorancia es la cárcel y el lenguaje su carcelero, su juez y su redención. Por ejemplo, si la palabra amor, de repente, sin saber por qué (a todos nos pasa de vez en cuando), resuena en su mente, el nombre que vendría después sería Laura. Si por casualidad su mente, sin quererlo él, lo confronta con la señal sexo, el nombre de Carmen emergería. Él no se ha dado cuenta pero este proceso, que es casi en su totalidad inconsciente, le permite llevar una vida decente, sociable y satisfactoria; aunque estas palabras, puestas todas juntas en la misma línea, resultan un poco paradójicas. Lo mismo pasa con otras asociaciones de palabras. Por ejemplo, trabajo es seguido de obligación; pintura, de destino.Sin que Diego lo sepa, su mundo pende de este fino hilo que arrastra una palabra detrás de su correspondiente axioma. Tal vez lo intuye, tal vez por eso es pintor e ingeniero. Cuando le preguntan a que se dedica, Diego contesta: a la construcción, y deja que sus amigos aclaren a su interlocutor que también es un excelente pintor. Me explico: cuando Diego abre el sobre de papel manila, saca de su interior un hermoso dibujo a lápiz de una mujer dormida. Laura se emociona al punto de que las lágrimas se agolpan en los rincones de sus ojos. Diego se emociona. No esperaba una reacción tan afectiva. Se abrazan y permanecen viendo la imagen. Laura nunca se refiere al dibujo directamente. Te amo Diego, dice Laura.La mujer desnuda que duerme sobre el papel, ciertamente, es Laura. La cama, la cama de Laura. La ropa íntima que cuelga de una silla en el rincón es con sumo detalle la que Laura lleva puesta en ese momento. Laura siente la leve presión que las florcitas cocidas a su prenda interior ejercen entre sus piernas. Las ve en el papel y las siente en su piel. La mujer dormida esta desnuda y con las piernas levemente abiertas. Su sexo esta expuesto. Su pubis, compuesto por miles de delicadas rayitas negras, sobresale de la blanca piel del papel. Y el sexo, si Laura alguna vez se hubiera visto el sexo detenidamente, habría sabido que aquel del dibujo no era el suyo. Pero eso no importa. La realidad solo existe en las palabras. Y la palabra que sale de la boca de Laura es amor. Diego se olvida de Carmen y cree totalmente en Laura gracias a lo que delicadamente salió de ese sobre de papel manila.Cuando Diego llega a la exposición, lo primero que ve es a Felipe frente al cuadro “Mujer desnuda durmiendo”. Diego lo reconoce y mira el dibujo. Su obra, inundada por la mirada de Felipe (cada milímetro de papel humedecido por la visión sobredocumentada del crítico), ya no se ve tan pura. Diego es ignorado. Mejor.En realidad es un cuadro magnífico, dice Felipe mientras ofrece su cerveza en brindis. Cuatro botellas chocan amigablemente: la de Diego, la de Felipe, la de Laura y la de Carmen. Es una linda tarde de noviembre. Están los cuatro casi a merced de la luz del sol, apenas protegidos por una hermosa buganvilia de esas que sólo crecen en las casas ajenas. Diego está sentado frente a Carmen y Laura frente a Felipe. Esta es Carmen, la conocí el día de la inauguración de la muestra, dice Felipe. Los vi platicando frente al cuadro de Diego, dice Laura. Le gustó el cuadro, pregunta Diego casi sin preguntar. ¿Cuál de todos? Sólo había uno mío. La mujer desnuda, explica Felipe. Lindo, dice Carmen, mientras reconoce a Laura como la modelo del cuadro y se sonríe. Laura se sonroja. Por primera vez desde que el cuadro existe es conciente de su desnudez. Muy lindo, como la modelo, reafirma Carmen. Tú mejor obra. Y la mejor de toda la exposición. Es la primera vez que Diego recibe un elogio de Felipe y sospecha de aquella reunión extraña entre sus dos amantes y el examante de su novia.Felipe conoce a Laura desde niños. Fueron novios y amantes por inercia. La cercanía y los rincones vacíos los llevaron de la mano a desnudarse uno frente al otro y a hacer el amor una docena de veces antes de conocer el amor verdadero. No lo supieron hasta mucho después cuando se enamoraron de verdad, cada uno, de alguien más. Mientras el amor no llegaba fueron felices. Sus familias se encontraban cada domingo en diferentes lugares, todos llenos de esos rincones que ellos encontraban por instinto. A veces la cita era en casas en la Antigua, a veces en chalets del Puerto. Fueron sexual y superficialmente felices, hasta que conocieron el amor. Con él llegó la culpa y otros sentimientos bajos, como los celos y el dolor por la ausencia del amado, la insatisfacción del ego y el ego del otro, etc. Pero también llegaron la bastarda noción de la felicidad eterna, el deseo irracional de ser siempre felices y el muy racional miedo de no serlo más que por unos instantes. El amor verdadero es profundo, es peligroso y ante todo es inevitable. Además, es capaz de hacernos olvidar la muerte por instantes, breves, pero divinos instantes. Esto lo supo Laura, esto, creo, lo sabemos todos y por eso buscamos el amor y cuando lo encontramos nos entregamos a él. A veces, casi siempre, es por casualidad, pero no importa. Todo en esencia pasa por casualidad.Cuando Laura conoció a Diego supo que lo que hacía con Felipe no era el amor. Era algo menos que aquello pero también era algo más que sexo. Era algo más que una alegría pero menos que la felicidad. Más adelante, años después de este día soleado y de buganvilias, extrañará aquella entrega superficial de su cuerpo, aquella levedad. Por ahora, no sabe que tan profunda puede ser una caída de amor.En cambio, Carmen ya lo sabe. Ya cayó y viene saliendo. Conoció la profundidad del amor a muy temprana edad, a manos de un hombre mayor, un amigo de su padre. Hoy busca la levedad, hoy intenta descubrir en su piel lo que antes buscaba en el alma del otro. Conoció a Diego en un bar de la Antigua hacía unos meses. Diego se le acercó, le habló y la sedujo. Al día siguiente, Carmen se encontró desnuda en una cama de hotel, al lado de ella un hombre que al despertar le confesó que estaba enamorado de una mujer llamada Laura, pero que quería seguir viendo a Carmen. Sin saber por qué, Carmen le dijo que era puta y que la única explicación que le debía era la de 100 dólares. A nadie más cobró. Y así se venga inconcientemente, casi por casualidad, de aquel hombre que no sabe nada del amor, ni de la pasión, y que en esencia está aprendiendo a hablar un lenguaje que Laura y Carmen le enseñan. Diego confunde la pureza de Carmen con la pasión de Laura. Pero hoy importa poco, ha hecho un cuadro donde ha confundido con un lápiz a aquellas dos mujeres y sus virtudes. En su mente sólo hay una mujer, frente a él hay dos.Diego piensa por un instante, o varios, si aquella escena tan extraña no le está sucediendo en sueños. Mira a su alrededor tratando de descubrir una imagen irreal: un avión que se estrella y no se estrella, un tiburón nadando en la fuente, su padre muerto que llega y lo saluda. Pero nada. A veces sueña con vuganvilias que crecen ante sus ojos, pero ésta crece solo ante los ojos de Dios, si es que existe, piensa Diego. No estoy soñando. Pero tal vez Laura sí. O Felipe. O Dios. Sonríe sarcásticamente y Carmen cree que es por ella, en realidad no lo es. Laura termina su cerveza. Se siente bien. Todos se sienten bien. Carmen disfruta y Felipe no cesa de verle la piel morena. Su pensamiento se aventura más allá de los límites que impone la ropa. Más tarde harán el amor y no habrá billetes de por medio, ni dibujo, ni palabras, ni un te quiero, y sólo habrá una piel más otra piel. Y tal vez sabrán que el amor no tiene sinónimos y que sólo puede definirse poniendo un nombre seguido de otro nombre, pero esto tampoco importa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5966037116742086771-5898092369492922814?l=lahistoriadesal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/feeds/5898092369492922814/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5966037116742086771&amp;postID=5898092369492922814' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/5898092369492922814'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/5898092369492922814'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/2008/07/laura-y-carmen.html' title='Laura y Carmen.'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06996924954361353982</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SZXMXI_8BiI/AAAAAAAAACw/AhMNS2ca80w/S220/ipod2+084.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5966037116742086771.post-776079502362382545</id><published>2008-07-10T21:28:00.000-07:00</published><updated>2008-08-27T11:50:29.511-07:00</updated><title type='text'>El puente.</title><content type='html'>Aquel cumpleaños de mi padre lo planeé para quedarme en casa, comprar tamales y cenar con él como siempre lo hacemos en esas fechas: con la cabeza gacha y sin hablar por miedo a terminar más deprimidos de lo que ya estamos. Pero llegadas las doce me vi solo en medio de nuestra casa vacía, decorada por el polvo y las manos torpes de dos hombres tristes. Serví un tamal en la mesa y me dispuse a comer imaginándome que papá estaría borracho en la casa de algún amigo. Que bueno por él, pensé. Yo no tenía hambre así que hice a un lado el tamal, saqué algunas cervezas de la refri y me fui a la calle. De la Simeón Cañas caminé hasta el Periférico y de ahí hasta Lo de Bran. Había fiesta en la casa de alguien.&lt;br /&gt;Yo había llegado solo y para mezclarme entre la gente entablé conversación con Arturo que, aunque parecía más solitario que yo, emanaba un aire de confianza en su soledad que seguramente yo jamás he emanado: un tipo de soledad atractiva de esas que te atraen como las trampas fluorescentes atraen a los insectos. Jamás lo había visto pero minutos después de presentarme ya me había contado un par de historias improbables pero muy entretenidas, historias de marineros y puertos franceses o árabes, de esas que disponen a las mujeres que las oyen al sexo y a los hombres a la pelea. Tengo un poco de coca, dijo. Salimos de la casa y caminamos dos cuadras, al llegar al barranco nos detuvimos. Se sentó en la orilla y sacó una bolsita con polvo blanco. La mejor que vas a probar en tu vida, dijo y después de inhalar me dio el paquetito de droga. Me di un pasecito corto, como para ir tanteando la situación. Así soy yo, aunque a veces no me lo creo comienzo siempre con precaución y termino siempre en exceso. Le devolví el paquete a Arturo y me dijo: No hombre, dale con ganas, aprovechá que más tarde no va haber. Aproveché. Se me quitó el frío, se me quitó el miedo cósmico que padezco y las estrellas por un momento dejaron de girar sobre mi cabeza, el tiempo se detuvo y hasta las ganas de volver a la fiesta me volvieron. La coca era buena y Arturo me caía bien. Me senté a su lado y comenzó a contarme otra historia muy extraña, una que parecía de vampiros, pero que al avanzar en las palabras fui dándome cuenta que la historia era más bien de gente viva, de carne y hueso.&lt;br /&gt;En el centro de la narración, como en el medio de una isla, hay un nombre de mujer que no recuerdo, un nombre poco usual. Me contó, entonces, de ésta mujer que perseguía por todo el mundo y que le iba dejando pistas de lo más extrañas, pistas muy difíciles. Algunas veces podían pasar años antes de poder verla de nuevo. No era un juego muy divertido por lo que pude entender porque los jugadores tenían que sacrificar su vida normal para poder ir detrás de ella. El premio era la mujer misma, su cuerpo, sus besos, una noche entera y a veces más. Muy extraño, tomando en cuenta que las mujeres de estos días no son difíciles de conquistar. Es obvio que hay algo más, pensé. Y no sólo es extraño el premio, quizá desmerecido por el esfuerzo, si no que aún más extrañas son las pistas.&lt;br /&gt;Ya llevábamos una hora sentados al borde del barranco que tiene vista al Puente del Incienso cuando se me ocurrió preguntarle que cómo se inscribe uno para aquel juego. No era el fin lo que más me interesaba sino el medio, que para ser sinceros en aquel momento no tenía idea de lo que fueran las tales pistas, pero yo que no tenía trabajo, ni mujer ni talento conocido (todavía no había debutado como imitador de Sinatra) aquel pasatiempo me parecía de lo más atrayente. ¿Y de que viven los jugadores? Se me ocurrió preguntarle a Arturo, porque esa vida de viajes no es barata, agregué. Arturo me vio a los ojos y yo vi los de él y me di cuenta por qué aquel tipo tenía pocos amigos: tenía ojos demasiado negros, demasiado profundos, más bien parecían que eran negros no por su color sino porque se tragaban la luz; ni decir que eran del color de la noche les hace honor, eran del color de la nada y al mismo tiempo no daban miedo, no de inmediato. Los ojos de Arturo producían la sensación que producen los puentes muy altos o las orillas de los barrancos: uno se para cerca del abismo y quiere mirar hacia abajo pero tampoco quiere. Así se sentía ver aquellos ojos. Y supe que el juego era más serio de lo que yo pensaba.&lt;br /&gt;Vivo de lo que te metiste en la nariz, dijo Arturo y de uno u otro trabajito aquí o allá, depende del país. Ya estuve preso en Francia y no quiero volver a estarlo, así que de vez en cuando tengo que trabajar y con mucho cuidado. Por eso estoy acá, dijo, en este país no te agarra nadie y se gana bien, además se encuentra una que otra pista por ahí que te mete de nuevo en juego. ¿Y como son las pistas? Pregunté. Y Arturo me miró de nuevo y yo vi sus ojos otra vez y no dijo nada, yo no quise saber. Algunos minutos después habló de nuevo: Fijate bien en el puente, alguien camina, ¿lo ves? Sí, sí lo miraba, lo miraba tan bien y tan claro que me di cuenta que era una mujer joven. Casi siempre viene, dijo Arturo, todas las noches se pasea por el puente. Va de un lado a otro, se sienta y acaricia la baranda como si ésta fuera un perro, mira hacia abajo, se asoma a esa oscuridad horrible que tienen los barrancos por la noche. ¿Será la misma mujer todas las noches? pregunté como queriendo obtener una respuesta que me sacara de la cabeza lo que ya sabía. Sólo es cuestión de tiempo, dijo Arturo. Por eso vine hoy, dijo. Se me heló la sangre. Tuve miedo otra vez. ¿Y porque mejor no vamos y la ayudamos? Dije. ¿A saltar? Preguntó Arturo. No seas bestia, agregó después de una pequeña pausa que me permitió preguntarme en por qué mi sugerencia fue tomada al revés de cómo la pensé (o ¿no?). Si nos acercamos saltaría antes de lo planeado o después, a los suicidas hay que dejarlos ser. ¿Lo planeado? Pregunté otra vez sin pretender una respuesta, no una razonable al menos. Pero Arturo no contestó, quizá ni siquiera me oyó y en cambio dijo:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;---Incienso: un nombre muy inspirado para ser un puente de suicidas.&lt;br /&gt;---&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El frío se fue haciendo más sólido y las nubes nos robaron la poca luz que había sobre nosotros y sin embargo a la mujer del puente la veíamos claramente. Se había detenido debajo del único poste con luz , se subió sobre la baranda y se abrazó al poste. Daba vueltas como una niña jugando en cualquier calle de la ciudad. Y Arturo, cada vez que la mujer giraba hacia el abismo, daba brinquitos, como si le dieran pequeños choques de electricidad. Yo miraba todo aquello con horror y cada vez que la mujer soltaba una mano o se le resbalaba un pie de la baranda, cerraba los ojos. Oraba, rezaba muy rápido las oraciones que mi madre me había enseñado: el Padre Nuestro, el Ave María, cualquier cosa. Me voy, le dije a Arturo después de que la mujer casi cae por sexta o séptima ocasión. No soporto esto. Arturo se puso de pie y saco la coca, echémonos el último y sentate. No se va a tirar, lleva meses haciendo la misma rutina, solo me está haciendo perder el tiempo. Me senté de nuevo pensando en por qué aquella mujer que danzaba con la muerte estaba haciéndole perder el tiempo a Arturo.&lt;br /&gt;Por fin la joven mujer pareció cansarse y se fue deslizando muy lentamente por el poste hacia el piso del puente como cera derretida.&lt;br /&gt;Se acabó, dijo Arturo, no será hoy. Nos fuimos. Caminamos por el Periférico hacia el Hipódromo, eran casi las seis y amanecía. Había pocos carros, algunos deportistas ya entrenaban y los voceadores de periódicos ya estaban repartiendo las noticias. Arturo compró todos los diarios que pudo, cuatro o cinco. Las pistas, me dijo. Algunas veces con un poco de suerte se encuentran rastros de Ella por estas páginas. Y se puso a leer mientras andábamos. Uno por uno los fue tirando después de dar un vistazo rápido a la sección roja de cada diario. Ni mierda, un día más sin pistas. Ya me estoy poniendo un poco mal. Y en ese momento volví a preguntar ¿Cómo son esas pistas? Me vio con una mirada extraña, como la mirada del sabe que su interlocutor no es lo suficientemente inteligente para digerir lo que no sabe, así que redacta una explicación sencilla que de todas formas el que escucha no va a entender, como el padre que le explica al niño por qué Dios envió a su propio hijo a morir a una cruz. El interlocutor (yo) agradece aquella mirada que cree misericordiosa y que no es ni menos ni más que la mirada del ególatra, del conquistador, del ladino. Ahora lo sé, pero aquel día fui agradecido por aquel intento de explicarme una verdad para la que yo no estaba preparado, una verdad que pocos están listos para digerir.&lt;br /&gt;¿Sabés para qué estamos en este mundo? me preguntó, y me quedé pensando por unos segundos en los que la mente se me puso en blanco y pensé decirle que veníamos a este mundo por casualidad y que nada pasa si venimos o no. Pero me quedé en silencio. Él también, por un rato. Seguimos andando. En realidad da lo mismo, dijo, si creemos que venimos a este mundo a alabar a un dios o a buscar la verdad del universo o amar al prójimo o a ser amados. La muerte es inevitable, la vida no. Arturo me soltó y caminamos separados. Las pistas las encuentro en los suicidas, dijo.&lt;br /&gt;Pasaron varias semanas antes de que volviera a ver a Arturo, pero antes sucedería algo que me uniría a Arturo de una manera más íntima y leal. Yo regresaba de una fiesta en la zona 13, una fiesta deprimente y sucia. Había llevada una amiga que me gustaba y el tiro me salió por la culata. A la media hora de haber entrado ya había una pareja cogiendo en el sofá, un borracho vomitando en la cocina y varios cabrones fumando crack indiscriminadamente por todos lados. No era una fiesta, era un funeral donde la muerta era la esperanza y yo a esa ya la había velado hacía años. Todos eran muy jóvenes pero parecían ya haber renunciado a la vida como los viejos abandonados en refugios. Quién sabe cómo sería aquella manada de lobos durante el día, porque de noche eran un poco como yo. Quien sabe si alguna vez uno de aquellos lobos mansos contempló la posibilidad de saber el futuro, de ejecutarlo, de dejar de ser una pluma al viento y convertirse en el viento mismo. Quien sabe si alguno de ello vislumbró alguna vez la posibilidad del suicidio.&lt;br /&gt;Creo que Julia no notó que yo era una de aquellas sombras de la fiesta. En el camino a casa (Julia conducía) bromeamos jovialmente de lo que vimos en la reunión. Era extraño todo aquello. Julia era hija de un abogado rico que yo había conocido en un viaje a Pana. Yo soy el hijo único de una abogada de mucho éxito que fue asesinada para robarle algo cuando yo apenas tenía tres años. No éramos pobres porque nos negábamos a serlo, porque le decíamos a todo el mundo que no lo éramos, porque mi padre trabajaba duro en un colegio y nos gastábamos todo el dinero en parecer que no éramos pobres. En el fondo, en el alma, en el recuerdo, en la forma de ver la vida, en los ojos sí lo éramos. Éramos pobres como el ladino es indio y el indio es ladino, éramos pobres cuando estábamos a solas y no teníamos comida para consolarnos pero sí teníamos gasolina para ir a las reuniones familiares. Pero había un momento en la vida en que nos sentíamos menos pobres: cuando mi padre presentaba sus libros de poesía y la gente lo abrazaba y le pedían dedicatorias. Aquella relación con Julia era extraña por eso, porque yo sabía que tarde o temprano la curiosidad se le iba a agotar pero mientras tanto me bastaban los besos leves que me daba. El futuro era negro pero el presente resplandecía en la boca tímida de Julia. Y sin embargo me resistía a ver la vida en rosa. De alguna forma yo veía una bifurcación de caminos adelante, uno era oscuro y tenebroso, el otro verde y claro. Ya sé, muy de fabula, pero la vida es así, no es tan complicada, interesante sí pero en la realidad las opciones son casi siempre solo dos: blanco o negro, a la izquierda o a la derecha, abajo o arriba, vivir o morir. Porque a veces tenemos la opción de elegir o eso parece.&lt;br /&gt;Aquella noche yo había elegido blanco; es decir, dejar que Julia me llevara hasta mi casa, pedirle que se detuviera bajo los sauces de la Simeón Cañas, que apagara el carro y me besara muy suavemente, como solo ella me besaba, casi sin pasión, casi como lo haría una madre. Pero Julia sin saberlo tomó por mí el camino oscuro y en lugar de irse por la Bolivar y después enfilar hacia el Hipódromo del Norte por la tercera avenida e irnos comentando la fauna nocturna del centro (niñas prostitutas, homosexuales, travestís) decidió irse por el Periférico. Así lo prefiero, dijo, la última vez no dormí bien, te acordás, la niña aquella y el viejo asqueroso en el semáforo. Sí, le dije, una escena muy fea. Hacía unas semanas, de regreso a mi casa, después de cenar en la Zona Diez, habíamos visto a una pareja aberrante realizando sexo oral a la sombra de un portal: una niña de no más de trece años y un viejo gordo de no menos de cincuenta. Al viejo gordo yo lo conocía, era profesor como mi padre, era poeta, era un buen poeta. No se lo dije a Julia. A la niña también la conocía, de vista al menos, era prostituta. Y no era niña así como yo no era pobre. Por eso y porque la vida nos deja creer que elegimos nuestro futuro, Julia decidió tomar el camino largo y luminoso: Periférico.&lt;br /&gt;Por momentos yo lograba olvidar la realidad triste de mi vida, por cortos instantes desparecían de mi memoria aquellos versos tristes que tanto le gustaban a los críticos y que yo no soportaba leer porque mi padre los escribía, y mi padre era sincero como nadie. Sus poemas eran mis lágrimas, eran las suyas, eran la soledad y por eso la gente que no llora todos los días los aprecia tanto. A mi madre la asesinaron para robarle una bolsa donde llevaba un manuscrito de mi padre que los ladrones confundieron con las pruebas de un caso importante de corrupción. Los ladrones se llevaron 130 hojas de garabatos, era su primer libro y ya no existe. Julia me hacía olvidar el vacío con solo tomarme de la mano; solo me soltaba para cambiar el embrague de la velocidad. Y así lo hizo cuando nos acercábamos al puente del Incienso, me soltó la mano antes de entrar al puente y no me la tomó más, nunca más.&lt;br /&gt;Cuando llegamos a la mitad del puente la vimos. Estaba dando vueltas alrededor de un poste de luz y al borde del abismo. Julia la vio y sin previo aviso metió los frenos a fondo, se bajó casi corriendo y como flotando, casi instantáneamente, llegó al lado de la suicida. Yo me quedé sumido en mi asiento viéndolas por el retrovisor casi sin querer verlas, casi pidiendo a gritos que aquel espejo explotara. Fueron unos pocos minutos, quizá dos, lo que tardó Julia en volver al auto. Sin decir nada arrancó y sin un solo cambio en su rostro, en sus facciones, siguió adelante. La vi bien, la observé con curiosidad y si algo sé es que nunca se volteó para ver a la mujer del puente. Yo sí: La mujer del puente ya no estaba allí. Jamás volví a ver a Julia. Nunca me buscó ni yo la busqué a ella, no sé lo que le dijo a aquella infortunada y no me ha hecho falta saberlo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al que sí volví a ver fue a Arturo. Estaba yo esperando a que el lustrador le diera los últimos toques a mis zapatos, cuando alguien desde atrás saltó sobre el respaldo de mi banca y se sentó a mi lado. Era Arturo. Yo había llegado al parque San Sebastián por la misma razón de todos los que allí estábamos: curiosidad y morbo. Le rompieron la cabeza, dijo Arturo. Ya me fui a asomar ahí cerca y a preguntar, casi me llevan preso. No es suicidio, los curas no se suicidan, creo. Nunca he sabido de uno que lo haya hecho. ¿Vos? Me preguntó. No, dije parcamente mientras veía el movimiento de militares frente a la casa parroquial y armaba la escena: Un sacerdote con la cabeza rota, un potencial suicida y un… un… un hombre especie de tracker indio que no encuentra nada. Me voy de Guate, me dijo. Si sigo aquí voy a terminar colgado de un árbol o con la cabeza rota. Por cierto, yo sé qué pasó allí dentro, pero no me creerían si lo contara. Estuvo sentado por el tiempo que el niño lustrador trabajaba en mis zapatos, cuando terminó de dar la última cepillada y como si saliera de un largo trance, Arturo se puso de pie, me dio la mano, y me hizo un guiño que en otras circunstancias hubiera sido simpático. La mueca de los disimulados acentuó toda esta historia con una tilde de verdad que posiblemente sólo yo vislumbro. No los culpo, a los incrédulos.&lt;br /&gt;Aunque aquel día fue la última vez que lo vi, por varias semanas tuve la certeza de que me seguía. Estoy convencido que Arturo tuvo el anhelo de que yo me convirtiera en aquella pista que perdió en el puente, no estoy seguro qué lo hizo renunciar a la esperanza. Un olor a incienso que salía de San Sebastián me hizo irme para siempre de aquel parque.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5966037116742086771-776079502362382545?l=lahistoriadesal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/feeds/776079502362382545/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5966037116742086771&amp;postID=776079502362382545' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/776079502362382545'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/776079502362382545'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/2008/07/el-puente.html' title='El puente.'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06996924954361353982</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SZXMXI_8BiI/AAAAAAAAACw/AhMNS2ca80w/S220/ipod2+084.JPG'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5966037116742086771.post-538734220706913035</id><published>2008-06-02T20:17:00.000-07:00</published><updated>2008-07-02T08:50:44.215-07:00</updated><title type='text'>422</title><content type='html'>Helena vino a visitarme. Se ha sentado al borde de mi cama deshecha y ha tomado un montón de papeles que estaban sobre mi escritorio. En los papeles están escritos algunos poemas, algunos cuentos y hasta uno que otro ensayo, todos en un desorden que espanta, todos en una secuencia que solo yo puedo descifrar y esto con gran esfuerzo. Todo lo que hago últimamente me toma un gran esfuerzo: levantarme de la cama, lavarme, escribir. A la calle ya no salgo, el teléfono no sirve desde hace semanas y mis amigos no saben donde vivo. Helena ahora lo sabe y no se quién pudo contarle. Le pregunto: ¿Quién te ha dado mi dirección? Nadie la tiene. Y me mira sin decir nada por un largo rato o por lo que me parece un largo rato, sonriendo casi imperceptiblemente, y cuando ya me ha vencido con la mirada, dice nada más que esto: Fue una casualidad, una feliz casualidad.&lt;br /&gt;Me baño mientras Helena me espera. Cuando salgo del baño encuentro a Helena acostada sobre mi cama, se ha quedado dormida. ¿Cómo puede hacerlo? me pregunto. Como puede hacer a un lado la vida y quedarse dormida como si nada hubiera pasado. Mientras me bañaba he llorado y reído recordando lo que merecía ser olvidado, y ella, con mis poemas en su mano, se ha quedado dormida. Es como si fuera inmune a la nostalgia, como si su memoria la protegiera de todo aquello que no le sirve ya para nada más que saber que el tiempo pasó. Me siento en la silla del escritorio y la veo dormir larga y delgada como una estatuilla africana, blanca como el papel. El desorden de mi cuarto, súbitamente, ha sido condonado. Me siento en otro sitio, en otro tiempo, sigo desnudo y me doy la vuelta sobre el escritorio y escribo una historia de amor sin amor, una historia feliz donde los protagonistas saben que el amor no dura o que dura poco o que si dura es porque alguien se volvió loco, loco y feliz.&lt;br /&gt;Helena se despierta un par de horas después. Yo sigo desnudo frente al escritorio escribiendo rabiosamente –mi mano escribe con furor pero yo estoy sereno –Helena se acerca desde atrás, intenta leer lo que escribo y me susurra al oído: Cuando te des cuenta que el amor no existe vas a ser un buen escritor, y se va como vino, y se lleva entre sus dedos cien historias, cien ficciones, pero me deja cuatrocientas veintidós palabras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5966037116742086771-538734220706913035?l=lahistoriadesal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/feeds/538734220706913035/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=5966037116742086771&amp;postID=538734220706913035' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/538734220706913035'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5966037116742086771/posts/default/538734220706913035'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lahistoriadesal.blogspot.com/2008/06/musa_02.html' title='422'/><author><name>Guillermo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/06996924954361353982</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='24' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_ZtdGPt8gsJw/SZXMXI_8BiI/AAAAAAAAACw/AhMNS2ca80w/S220/ipod2+084.JPG'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
